FOLLETO

FOLLETO: CONVERSACIÓN ENTRE LOS COMISARIOS

(Este es el texto del folleto que se reparte a todos los asistentes a la exposición Vibraciones prohibidas, a celebrar en el Centro Galego de Arte Contemporánea entre el 16 de noviembre y el 10 de marzo. En el texto los dos comisarios conversan sobre la censura en el rock en el franquismo)

 

Vibraciones prohibidas

 

La visión más común sobre la historia de la censura franquista establece que esta se aplicó con más rigor en los primeros años del régimen para irse aflojando paulatinamente hasta llegar a una cierta apertura de la mano de la Ley de Prensa e Imprenta promulgada por Manuel Fraga en 1966. El régimen luchaba por ganar legitimidad internacional y necesitaba dar cierta imagen de libertad que acompañase al crecimiento económico sustentado en buena medida por el turismo.

 

Si bien esta visión puede ser cierta en lo referente al cine o la prensa (la censura previa fue sustituida por un régimen sancionador a posteriori), en el campo del pop y el rock la ley de 1966 implica una notable intensificación de la acción de los censores. Hasta ese año existían listados de canciones no radiables: la radio fue durante décadas la única fuente de acceso a la música para la mayoría de los españoles. Pero el desarrollo de la FM y la televisión, el surgimiento de la industria discografía hasta entonces aletargada, el auge de la contracultura en los países del entorno, la masiva llegada a España de jóvenes europeos contagiados del espíritu contestatario de la época y la llegada a la madurez de una generación numerosa ajena a la memoria de la Guerra Civil creó las condiciones necesarias para que el pop y el rock se convirtiesen en formas de expresión peligrosas para el régimen.

 

La labor de la censura se intensificó y se sofisticó a raíz de la ley de 1966. Tanto las portadas de los discos como las letras de las canciones debían ser aprobadas antes de llegar al mercado. Los censores dejaron memoria de sus razonamientos en detallados partes que han llegado hasta nosotros. El contraste entre las carátulas de las ediciones internacionales de los discos y las publicadas en España permite conocer además las consecuencias de la acción de la censura. Vibraciones prohibidas documenta visualmente los mecanismos y resultados de la acción censora en el pop y el rock.

 

¿Qué sucedió para que en 1966, justo cuando la censura previa afloja en el cine o la prensa, se intensifique en la música?

– Sucede que a mediados de los años 60 la sociedad española empieza a tener una cierta capacidad económica, con lo que pueden ya comprar discos y aparatos reproductores. Si antes las canciones eran difundidas solo por la radio, de repente también las podían comprar y llevar a sus casas. Además, los cambios políticos y sociales de aquellos años hicieron que los mensajes en las canciones empezasen a incluir además de contenidos sentimentales también mensajes políticos y sociales. Por lo tanto, el régimen franquista, a remolque de los acontecimientos, se dio cuenta de que ahí había algo censurable en lo que hasta entonces ni habían reparado ni habían tenido motivo para hacerlo.

 

¿Cómo eran los jóvenes españoles de los sesenta? ¿La música rock y pop era realmente tan importante como para que el franquismo se emplease tan a fondo?

– La mayoría seguían controlados o influidos por los principios del régimen franquista, o al menos no pretendían salirse de la norma o llamar la atención, por las posibles consecuencias. Sin embargo, sí que hubo una parte de la juventud que encontró en la música una vía de expresión y/o una vía de escape frente a la realidad que les rodeaba. Recordemos que, por ejemplo, los conciertos de los Beatles en España tuvieron varios miles de espectadores en cada cita, así que no era una cantidad relevante pero sí empezaba a ser digna de consideración. Para seguir manteniendo el poder, el régimen franquista entendió que también se les debía prestar atención.

 

¿Qué tuvo que ver la llegada de jóvenes europeos influidos por la contracultura a caballo del auge del turismo?

– Todo contribuyó a la apertura, y así fue también en el mundo de la música. La juventud estaba expuesta a conocer otras culturas, otros modos de expresión. Sin embargo, diría que fueron más relevantes aquellos locutores que traían discos de fuera y los programaban en las radios o las emisoras de las bases norteamericanas en España por las que se propagaba el rock entre los jóvenes que las escuchaban.

 

¿Cómo era la censura antes de la Ley de 1966? ¿Por qué no existen documentos que expliquen sus motivaciones y mecanismos?

– No lo hay porque la censura en la música hasta 1970 la hizo una única persona en la Dirección General de Radiotelevisión y nunca dejó escritos los motivos. Para él era suficiente con poner en unas listas que enviaba a las emisoras las canciones que censuraba y no necesitaba exponer sus razones porque, primero, se supone que era un gran trabajo para él solo y, segundo, porque al no haber posibilidad de recursos administrativos, no tenía que explicar a nadie sus razones. El régimen censuraba, imponía su rodillo, y eso era todo.

 

¿Quiénes eran los censores? ¿Cuál era su formación? ¿Qué sabían realmente sobre pop y rock? La censura de rock refleja un régimen agónico, que necesita mantener la represión pero que tiene que recurrir a personal contratado haciendo horas extras para organizar el aparato represivo.

– En los últimos años del régimen franquista, la captación de ‘lectores’ varió un tanto para acoger a jóvenes funcionarios, profesionales con dificultades para encontrar trabajo o personas con un cierto grado de cultura, adaptándose así a la evolución del Ministerio, que pasó de ser un organismo de represión a un departamento de promoción cultural, en lo que influyó, también, la evolución de los funcionarios hacia pensamientos y formas de actuación más liberales. Ése es, precisamente, el perfil de los cuatro ‘lectores’ de la censura discográfica, a los que dentro de la Dirección General de Cultura Popular les fue encomendada esa labor. El trabajo lo desempeñaron cuatro censores adscritos a la censura de libros -Dirección General del Libro- a los que se les ofreció la posibilidad de hacer la misma actividad respecto de la producción fonográfica en horario de tarde, cobrando horas extras, aunque la cantidad pagada era muy escasa, por lo que tenían distintas y varias ocupaciones. Habitualmente le dedicaban dos horas por las tardes. Se les contrató por su conocimiento de idiomas y por su nivel universitario, aunque, como venían del mundo del libro, no conocían realmente el mundo de la música.

 

¿Era la censura tan obtusa como a veces se hace entender o realmente eran capaces de captar los mensajes del rock y el pop?

– Teniendo en cuenta su procedencia, se les hacía más complicado entender el mundo del rock, aunque sí estaban bien formados por su experiencia con los libros en tratar de entender mensajes ocultos o segundas lecturas. A veces entendían perfectamente lo que el autor quería decir, otras se pasaban en su celo a la hora de censurar y en otros casos se les colaban textos o portadas que deberían haber censurado.

 

Hay una obsesión por encontrar lo reprobable incluso cuando no está (la obsesión con lo homosexual en la censura del Blonde on blonde). La sospecha, además, se convierte automáticamente en culpa por obra de los censores. ¿Paranoia conspirativa? Pienso en cómo justifican la censura de “Good Vibrations” identificándolas con el orgasmo y o con las drogas que, puestos a buscar algo reprobable, parece más obvio. Pero otras veces se ve que entienden claramente que el rock no sólo tiene que ver con el contenido sino con la propia expresión, citando a Simon Frith, como cuando censuran “I Feel the Earth Move”,  de Carole King porque, aunque las palabras no son reprobables, puede dar lugar a interpretaciones subidas de tono.

– Pues sí. Cuando no estaban seguros, censuraban por defecto. Es sintomático el caso de un disco del cantante protesta flamenco Manuel Gerena; el censor, al no encontrar nada claramente censurable, y desconfiar de su autor, dejó escrito esto: “En estas y en casi todas las letras de Manuel Gerena hay una sibilina alusión vengativa contra algo: ¿Los políticos? ¿Los que mandan? ¿Los patrones?” El veneno va en dosis camufladas”.

 

¿En qué casos los censores se equivocaron de cabo a rabo en su juicio y en qué casos afinaron la puntería?

– Hay muchísimos ejemplos. De entre los primeros, por hablar de un caso, en “I’m Waiting for the Man” de Lou Reed con The Velvet Underground, al censor se le pasó que hablaba de un adicto a las drogas que espera a su camello, escribiendo lo siguiente: “El contenido se refiere a una chica que espera siempre a su hombre ‘veintiséis dólares en la mano’. Siempre tiene que esperarle. Todos los otros la ‘pinchan’, pero él tiene un dulce sabor”. Entre los ‘aciertos’ hay uno bien curioso, aunque la censura llegó tras un fallo en el control de un disco. Se trata del single de Serge Gainsbourg y Jane Birkin “Je t’aime… moi non plus”, que se editó en España porque las canciones para ser visadas llegaban a la censura con sus letras, así que se autorizaban siempre las que se presentasen como instrumentales; una vez publicado el disco, y después de descubrirse sus jadeos al ser radiada, fue retirado de la circulación, y a partir de ahí además de revisar su letra tuvieron que escuchar las canciones previamente.

 

¿Cuáles fueron los asuntos más censurados? ¿Cuáles llaman más la atención? Parece que hay una cierta obsesión por la homosexualidad, ven referencias al tema por todas partes.

– He dividido todos los partes de los censores que he visto de las letras de las canciones y las portadas modificadas o prohibidas en cuatro apartados. En el aspecto moral se censuraba cualquier referencia al erotismo, relaciones íntimas, pornografía, masturbación, masoquismo, prostitución, homosexualidad, palabras malsonantes, desnudos o actividades indecorosas. En lo político, se paraban especialmente con los mensajes antimilitaristas, críticas a las fuerzas de seguridad y los poderes del Estado, a la política española y a la política estadounidense, el comunismo o el anarquismo. En lo social, reparaban en todo aquello que tuviese que ver con las drogas, el movimiento hippie, la marginación, la delincuencia, el racismo, el mal gusto, la crítica social o la imagen inapropiada.  Y, por último, cualquier referencia crítica o negativa hacia la religión católica era indefectiblemente censurada.

 

¿Hasta que punto la censura provocó autocensura? ¿Está documentada la relación de las discográficas con los censores?

– Al igual que sucedió en la literatura y el cine, algunos autores ya no presentaban a censura aquello que entendían que no pasaría el control. En otros casos, eran las compañías discográficas las que hacían de filtro. De todas formas, hay que tener en cuenta que las compañías podían presentar cualquier cosa que les pareciese, por muy descabellado que pudiese parecer, porque su presentación no implicaba ninguna acción en contra de ellas. Sí está bastante documentada esa relación entre las discográficas y los censores, en especial a través de los recursos administrativos por escrito, aunque también se puede intuir que existió la negociación telefónica o de palabra con los autores españolas directamente y/o a través de sus editoras porque los tenían muy a mano.

 

¿Qué artistas sufrieron la censura? ¿Cuáles son los ejemplos más llamativos? Los castigados por la tijera del censor son los habitantes del Olimpo del rock: Beatles, Stones, Hendrix, Who, Doors…

– Dylan, Bowie, Zappa, Lennon, The Who, Stones, Lou Reed, Ohio Players… No hubo especial ensañamiento con ningún artista y, además, era todo censurable y totalmente arbitrario. La sorpresa ha sido descubrir que hubo más censura proporcionalmente en el rock que en el mundo de los cantautores, puede que porque se editasen más discos en este ámbito o porque la negociación con los cantautores no quedase tan documentada por escrito.

 

¿Quiénes consiguieron burlar la acción de la censura? ¿Por qué motivos?

– Hay varios casos. El disco Abraxas de Santana, con dos desnudos en su portada, consiguió pasar la censura porque el director de su discográfica convenció a los censores argumentando los múltiples desnudos en la pintura clásica y que se trataba de una pintura, no una fotografía, de un destacado artista plástico afro-americano. En otros casos, se trató de despiste de los censores. Y en otros casos, hay artistas que grabaron sus discos en otros países, como en Francia o en Alemania, y los pasaron por la frontera para distribuirlos en España, con el riesgo que ello implicaba.

 

¿Qué consecuencias tuvo la censura en el mundo de la música y en la cultura popular en general?

          – Probablemente, las discográficas entraron en una política del miedo al riesgo y, también, ralentizaron la edición de discos extranjeros en España. Probablemente también debamos hablar de la creación de un discurso defensivo por parte de las discográficas en el que se entiende que las letras no interesan a nadie, son simples ocurrencias sin valor, frente a una culpabilización por parte del régimen que termina erosionando el valor cultural del pop y el rock, entendido como algo negativo o banal.

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Aquí su versión en pdf:

FOLLETO EXPOSICIÓN VIBRACIONES PROHIBIDAS

18-11-2012

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